Mieloma

Descripción

El mieloma múltiple (o MM) es un cáncer que afecta a las células plasmáticas, un tipo de glóbulo blanco que se localiza preferentemente en la médula ósea. En condiciones normales las células plasmáticas producen unas proteínas llamadas inmunoglobulinas (o anticuerpos) que circulan por la sangre y cuyo objetivo es la defensa del individuo, reconociendo y atacando toda materia extraña que entre en el organismo.

En el MM estas células se producen en exceso, desplazando a las células normales de la médula ósea (hecho que dificulta la producción normal de glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas) y lesionando los huesos que contienen la médula ósea (hecho que comporta dolores óseos y posibles fracturas). Además, estas células plasmáticas producen inmunoglobulinas anómalas y en cantidades excesivas que pueden detectarse en la sangre y/o en la orina. Estas inmunoglobulinas en exceso interfieren en diversas propiedades de la sangre, en el normal funcionamiento de los riñones, y favorecen el desarrollo de infecciones.

La edad media de los pacientes con MM es de 65 años, siendo muy infrecuente antes de los 50. Su incidencia es elevada con 30-50 nuevos casos por millón de habitantes y año, cifra que representa el 1% de todos los cánceres y el 10% de los cánceres de la sangre.

Principales síntomas

El principal síntoma es el dolor óseo. Puede aparecer en cualquier localización pero los más frecuentes son los que se inician en columna vertebral y en las costillas. Otras posibles manifestaciones del MM son consecuencia de la falta de glóbulos rojos (cansancio, debilidad, palpitaciones, mareos) o de la alteración del normal funcionamiento de las plaquetas (fácil aparición de hematomas, sangrado de nariz o encías). Además, pueden existir pérdida de peso, infecciones frecuentes, fracturas óseas sin una causa evidente y, en ocasiones, la aparición de verdaderos tumores de células plasmáticas (plasmocitomas).

Estudio

El diagnóstico de MM se basa en la demostración de una cantidad anormalmente elevada de una determinada inmunoglobulina en la sangre o en la orina y un exceso de células plasmáticas en médula ósea. Para ello deberán efectuarse diversas extracciones de sangre y de médula ósea (mediante punción del esternón o del hueso de la cadera y aspiración con una jeringa). De igual modo deberá analizarse la orina de 24 horas para valorar si la mencionada inmunoglobulina anómala está presente y en qué cantidades. Finalmente, deberán efectuarse radiografías de todos los huesos del esqueleto para ver si han sido dañados por la enfermedad.

Tratamiento

Las formas más leves e incipientes pueden no requerir tratamiento, siendo suficiente valorar periódicamente su evolución para constatar si el MM se mantiene estable o progresa. En caso de requerir tratamiento, éste se basará en la quimioterapia intravenosa en los pacientes menores de 70 años o por vía oral en los de más edad. La finalidad del tratamiento es siempre frenar la evolución de la enfermedad y mejorar los síntomas ya que, lamentablemente, ninguno de ellos puede curarla. De todas maneras, muchos pacientes logran una desaparición de todos los síntomas (remisión completa) o parte de ellos (remisión parcial) y alteraciones analíticas que pueden mantenerse muchos meses o años. Estos resultados se han obtenido con diversas combinaciones y dosis de agentes quimioterápicos.

El único tratamiento del MM con posibilidades curativas es el trasplante de médula ósea a partir de un donante compatible. Lamentablemente, la avanzada edad de la mayoría de los pacientes y la elevada toxicidad del procedimiento, hacen que pueda emplearse en contadas ocasiones. En la actualidad se está investigando si una nueva modalidad de trasplante menos tóxica, los trasplantes de intensidad reducida, puede ser útil para tratar a estos pacientes. En los pacientes que no se consideren candidatos a este tipo de trasplante, la realización de un trasplante de médula ósea del propio paciente (trasplante autólogo) permite mejorar y prolongar la respuesta alcanzada con la quimioterapia.

La radioterapia es muy efectiva para el tratamiento de los dolores óseos y las formas localizadas de la enfermedad.  

El interferón se suele emplear a continuación de la quimioterapia o el trasplante autólogo para ayudar a mantener la remisión alcanzada. Puede administrárselo el propio paciente 2 ó 3 veces a la semana mediante una simple inyección subcutánea.

Los bifosfonatos (etidronato, pamidronato, clodronato, celedronato) son agentes que inhiben la actividad de los osteoblastos, células responsables de la destrucción ósea, y favorecen la recalcificación del hueso. Por ello, suelen administrase una vez al mes y de forma prolongada a todos los pacientes con mieloma.

 

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